jueves, 20 de agosto de 2009

Las pelis moñas

Lo malo que tienen las películas de amor, esas que tanto nos gustan a las chicas, es que por una cosa o por otra, acabas llorando.

Acabo de ver por vez nº485 la película El diario de Noa -peliculón donde los haya-. Pues bién. Lo malo de cuando ves una película de estas por seguna vez (o tercera, o como en mi caso ya no sabes ni las veces que la has visto) es que ya sabes cómo va a acabar y una de dos, o te tragas la película con una completa sensación de aburrimiento mostrando la mayor frialdad, o lloras desconsoladamente desde algún punto de la película que de triste tiene poco, pero a tí te da igual porque sabes el terrible final de la historia.

Lo malo no es que parezcas una completa imbécil, porque lo pareces, y sobretodo lo parecerás más si hay alguien contigo y se da cuenta de que lloras y se rie de ti, y tú le explicas -casi dejandote la vida- el porqué lloras y se siguen riendo de ti porque pareces todavía más imbécil. No, lo malo es que, aunque sabes que son ficticios, a tí esos personajes y esas historias te llegan y te sientes realmente afectada por lo que les pasa y para más cabreo, te repatea la insensibilidad de la otra persona.

Y esque, una película como esta (ojo, que es una de mis preferidas) no hay momento para verla sin tener que llorar. Y todo porque o no estás en ninguna relación y sientes una profunda y asquerosa envidia, o estás en una relación y te sientes superidentificada con los personajes y crees que lo tuyo es tan bonito como lo de ellos y al verlo desde fuera te hace tanta ilusión que te pones a llorar, o acabas de salir de una relación y no haces más que preguntarte porqué tu relación no ha podido ser así...

Y bien, aquí estoy, como una madalena, mirando por primera vez la historia desde ese tercer lado. Pero aún así, con todo lo malo, no me arrepiento de nada. Y sí, volveré a ver películas moñas, una y otra vez ¡aunque me deshidrate! Porque pese a la cantidad de gente que lo niega, que no lo admite o lo rechaza, todos queremos una historia parecida. A todos nos hace ilusión y a todos nos gusta querer y ser queridos.

Y ahora lectores, lo siento, pero he de irme a enamorarme. ¿Pretendientes? Yo creo que sí...

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